Guía definitiva: cómo cuidar tu sujetador para que dure más
El sujetador es una prenda imprescindible en el día a día de muchas mujeres y, como cualquier otra pieza de uso diario, comprar un buen modelo es una inversión en comodidad y salud postural.
Sin embargo, en muchas ocasiones vemos cómo nuestro favorito se estropea al poco de haberlo adquirido: los elásticos ceden, las copas se deforman o, lo que es peor, el temido aro asoma por el tejido.
Llevamos más de 30 años vendiendo sujetadores y, aunque puedes comprar tu modelo preferido siempre que quieras, nuestra prioridad es que las prendas te duren el máximo tiempo posible. Hoy en día, cualquiera se hace llamar experto dando consejos erróneos; aquí te contamos la verdad sobre el cuidado de tu lencería.
¿Cada cuánto tiempo hay que lavar el sujetador?
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Regla general: lávalo cada 3 o 4 usos. No es necesario hacerlo tras cada puesta (como las bragas), ya que el jabón y el agua debilitan las fibras elásticas.
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Las excepciones: Si has hecho deporte o ha sido un día caluroso con mucho sudor, el lavado debe ser inmediato. El sudor es corrosivo para el tejido elástico.
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La rotación: El mejor truco de cuidado no se centra solo en el lavado, sino en el descanso. Alternar entre varios sujetadores ayuda a que el tejido recupere su forma original, preservando la elasticidad durante más tiempo.
El duelo final entre lavadora o a mano
Si nos preguntas qué es mejor, la respuesta es rápida y contundente: el lavado a mano. Somos conscientes de que hoy en día pocas personas tienen tiempo para hacerlo así, por eso te explicamos los pasos a seguir en ambas situaciones.
El lavado a mano
Es la mejor forma de asegurar que el bra-fitting o ajuste de sujetador se mantenga intacto.
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Remojo: Usa agua tibia (nunca caliente) y un detergente especializado para prendas delicadas. ¡Consejo experto! La regla del color sigue vigente: no mezcles claros con oscuros. Déjalos reposar unos 15 minutos.
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Masajear: No restriegues el encaje contra sí mismo. La mejor forma de extraer la suciedad o alguna mancha es masajear suavemente con las yemas de los dedos.
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Aclarado: Siempre con agua fría. Repite las veces que sea necesario hasta que no quede ni rastro de jabón o suciedad.
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El truco de la toalla: Para escurrir, coloca el sujetador entre dos toallas y presiona suavemente. ¡Prohibido retorcer! El sujetador no es un trapo; si lo retuerces, deformarás las copas y los aros de forma irreversible.
Con lavadora
Si no tienes tiempo, sigue estos pasos para minimizar el daño.
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Bolsa de rejilla: Su uso es obligatorio. Busca una de poliéster: no absorbe agua, resiste el detergente y permite que el jabón fluya. Si tiene cuerpo y cremallera protegida por goma, mejor. Recuerda no llenarla más de 2/3 de su capacidad.
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Cierra los corchetes: Hacerlo evita que se enganchen unos a otros o que desgarren el encaje de otras prendas.
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Agua fría: El programa siempre debe ser a menos de 30ºC. El calor daña el elastano, volviéndolo rígido y quebradizo.
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Carga ligera: Lávalos con prendas suaves (camisetas, bragas, calcetines). Evita vaqueros o toallas pesadas que puedan aplastar las copas.
Secado y almacenaje, el último paso
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Prohibida la secadora: El calor extremo destruye cualquier fibra elástica en segundos. Es el "asesino" silencioso de la lencería.
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Secado inteligente: Los sujetadores no se tienden desde los tirantes ni desde las cintas elásticas. La forma correcta es por la mitad, apoyándolo sobre el separador central. Así evitas que el peso del agua deforme los materiales. También puedes dejarlos sobre una superficie lisa.
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El guardado: Como especialistas en sujetadores de tallas grandes, sabemos lo que ocupa una copa D en adelante. La tentación de ahorrar espacio doblando una copa sobre la otra es grande, pero no lo hagas, especialmente si tienen relleno o push-up. Guárdalos abiertos, uno detrás de otro directamente en el cajón o en compartimentos de tela para facilitar la organización de tu ropa interior.
¿Por qué se salen los aros del sujetador? (y cómo evitarlo)
Tiene su lógica: el aro es rígido y el tejido que lo envuelve es flexible. Con el uso y ciertos errores, el metal acaba perforando la tela.
Aquí te listamos las causas más comunes:
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Malos hábitos: Por comodidad, muchas mujeres se abrochan el sujetador por delante y luego lo giran. Este proceso fuerza la ballena y el tejido; esa tensión constante acaba rasgando la guía del aro.
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Apretar los tirantes: Si los llevas excesivamente cortos para "subir" el pecho, tensas la estructura inferior y el aro presiona con más fuerza contra la tela de la base.
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El suavizante: Lo hemos mencionado antes y ahora lo desarrollamos un poco más. El suavizante crea una película que “tapa” las fibras, haciendo que el tejido se vuelva menos resistente y sea más fácil de perforar por el aro.
¿Se puede arreglar un sujetador agujereado?
Si el agujero es pequeño, puedes meter el aro y coserlo realizando varias pasadas reforzadas para frenar el movimiento del metal. Otra solución es utilizar un parche de tela resistente cosido o pegado.
Sin embargo, si notas que el aro se sale con frecuencia, puede ser una señal clara de que necesitas consultar de nuevo la guía de tallas de sujetador, ya que una copa pequeña hace que el aro sufra una presión para la que no ha sido diseñado.
Cuidar lo que tenemos es vital, pero saber cuándo decir adiós a una prenda que ya no nos sujeta es salud. A pesar de la calidad de los materiales y el cuidado, la lencería tiene su ciclo. Si la tuya ha llegado al final, te invitamos a echar un vistazo a nuestras novedades. Piezas seleccionadas con mimo para que descubras cada día tu nuevo favorito.